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50 razones para temernos lo peor de Fukushima

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En Fukushima han desaparecido los núcleos derretidos pero las emisiones radioactivas siguen secretamente supurando.La dura censura dictatorial de Japón ha ido acompañada de un apagón – exitoso- en los medios corporativos globales a fin de que Fukushima permanezca lejos de la mirada pública. Pero todo eso no mantiene la radiación real alejada de nuestro ecosistema, nuestros mercados… o nuestros cuerpos.Aquí van 50 razones preliminares de por qué ese legado radioactivo exige que nos preparemos para lo peor respecto a nuestros océanos, nuestro planeta, nuestra economía y… nosotros mismos.

 

1 En Hiroshima y Nagasaki (1945), el ejército estadounidense negó inicialmente que se hubiera producido lluvia radioactiva u otro tipo de daño. A pesar de carecer de datos significativos, las víctimas (incluyendo un grupo estadounidense de prisioneros de guerra) y quienes las apoyaban fueron oficialmente “desacreditadas” y despreciadas.

2 Asimismo, cuando los ganadores del Nobel Linus Pauling y André Sajarov advirtieron acertadamente sobre el enorme número de víctimas en todo el mundo a causa de las pruebas con bombas nucleares, se les despachó con oficial desprecio… hasta que ganaron en el tribunal de la opinión pública.

3 Durante y después de las pruebas con bombas nucleares (1946-1963), a las personas que vivían al alcance de los vientos en el Pacífico Sur y en el oeste de EEUU, además de los miles de “veteranos atómicos” de EEUU, se les dijo que sus problemas de salud provocados por la radiación eran imaginarios… hasta que resultaron completamente irrefutables.

4 Cuando la doctora británica Alice Stewart demostró (1956) que incluso dosis diminutas de rayos X en mujeres embarazadas podrían duplicar las tasas de leucemia infantil, desde el establishment médico y el nuclear estuvieron atacándola durante treinta años, para lo cual dispusieron de amplia financiación.

5 Pero se demostró que los hallazgos de Stewart eran trágicamente exactos y eso ayudó a alcanzar un consenso en física sanitaria médica de que no hay “dosis segura” respecto a la radiación… y que las mujeres embarazadas no deberán ser expuestas a rayos X ni a una radiación equivalente.

6 En nuestra ecosfera hay inyectados más de 400 reactores nucleares comerciales sin haber contado con datos significativos que midan su potencial impacto en la salud y en el medio ambiente, y sin establecer ni mantener una base sistemática de datos globales.

7 Fue a partir los incorrectos estudios de la Bomba-A , iniciados cinco años después de Hiroshima, cuando se conjuraron los niveles de “dosis aceptables” para los reactores comerciales, y en Fukushima, y en más lugares, se ha sido todo lo laxo que se ha podido a fin de salvaguardar el dinero de la industria.

8 La lluvia radioactiva de la bomba/reactor esparce emisores de partículas beta y alpha que se introducen en el cuerpo y causan daños a largo plazo, que a menudo los patrocinadores de esa industria equiparan erróneamente con las dosis externas menos letales de rayos X/gamma por volar en un avión o vivir en Denver.

9 Al negarse a evaluar las consecuencias a largo plazo de las emisiones, la industria está ocultando sistemáticamente los impactos sobre la salud de los accidentes de Three Mile Island, Chernobil, Fukushima, etc., obligando a las víctimas a depender de aislados estudios independientes que automáticamente se consideran “desacreditados”.

10 A nivel amplio, se han sufrido daños en la salud a causa del radio presente en la pintura que hace brillar el dial de los despertadores, por la producción de bombas, por el enriquecimiento/fresado/minería del uranio, por la gestión de los deshechos radioactivos y por otros trabajos radioactivos, a pesar de las décadas de implacable negativa de la industria. Leer Más…